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30 de Diciembre de 2016
2016: Un año para el olvido

Pasó un año diferente, signado por abruptos y repentinos cambios que obligaron a repensar la forma en que se producen cerdos en Argentina. Se estima que en 2017, "vendrán tiempos mejores", aunque no sin nuevos desafíos

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Durante 2016 la producción porcina nacional pasó por una profunda crisis, la peor de las últimas décadas, que llevó al límite de la supervivencia a un gran número de productores. Ya hacia el final de 2016, el panorama cambió nuevamente y permite hacer proyecciones más promisorias, aunque aún advierten sobre los problemas que acarrean la baja tecnificación y la escasa eficiencia en un contexto económico más competitivo que nunca.

Con la asunción del gobierno de Mauricio Macri, la batería de medidas económicas que apuntaba al “reordenamiento” de la economía, puso en jaque a los productores porcinos que, aún luego de más de diez años de bonanza, no habían invertido lo suficiente para lograr la máxima eficiencia y escala posible sus granjas. Muchos productores se encontraron con la peor crisis de las últimas décadas sin estar preparados para enfrentarla.

La tormenta perfecta
Las medidas que afectaron al aumento descomunal de costos de la producción porcina conformaron una “tormenta perfecta” a la que sólo pudieron sobrevivir los porcicultores mejor preparados. Con la quita de retenciones al maíz, la baja en las retenciones a la soja, el aumento de las tarifas energéticas, el sinceramiento del dólar, la devaluación de la moneda argentina (que a su vez generó una notable caída en el poder adquisitivo de la gente), la apertura de las importaciones de Brasil y Dinamarca; se generó un combo mortal que, además, en algunas regiones tuvo como agravante una serie de excesos hídricos durante el otoño, que aún en las puertas de año 2017 no se han terminado de superar. Todo ello sucediendo al mismo tiempo, no habría sido imaginado ni por el peor de los pesimistas.

Ese combo de variables contribuyó al aprieto por el que atravesó la producción porcina argentina durante el primer semestre del año 2016 en dos sentidos. Por un lado el aumento repentino y sin precedentes de los costos de producción. Por otro, el mantenimiento del precio del capón en pie. Ambos factores redujeron los márgenes hasta volverlos insostenibles.

Para graficar la profundidad de los cambios sufridos por la porcicultura argentina durante 2016, el especialista Jorge Brunori, de INTA Marcos Juárez usa la relación insumo-producto. El índice hace referencia a la cantidad de kilos de maíz que se pueden comprar vendiendo un kilogramo de cerdo: “Cuando con 1 Kg de cerdo compramos 8 Kg de maíz –explica Brunori- estamos en un punto de equilibro. Cuando compramos más de 8 kilos empezamos a ganar. Cuando estamos arriba de 10 kilos de maíz por kilo de cerdo se puede decir que estamos en un negocio rentable”. Según el propio veterinario, durante 2015, el índice insumo-producto era de 12 a 1. Pero Brunori explica que durante el primer semestre del año la relación bajó estrepitosamente a la mitad: “llegamos a estar en 6 a 1. Sin embargo, en noviembre estamos con un índice de casi 9 a 1. Ese es un buen parámetro para ver cómo ha evolucionado la rentabilidad del sector y cómo, en alguna medida, nos empezamos a acomodar nuevamente”, detalló Jorge Brunori a TodoCerdos.

Un poco de alivio
La llegada del segundo semestre trajo algunas buenas noticias para los productores porcinos. Por un lado, el precio del maíz (principal insumo para la producción) se estabilizó y por otro, el precio del capón en pie se comenzó a mover en forma ascendente. “Si sacamos un promedio estuvimos en $15-16 pesos de promedio entre el primer semestre y hasta julio, agosto. Y después desde  septiembre el precio del cerdo comenzó a aumentar. El año cierra con un promedio máximo que toca los $25. Por otro lado, el precio del maíz se estabilizó en $2.400-2.500, que era lo que estábamos esperando”, relató Jorge Brunori, y agregó: “la verdad que el segundo semestre trajo un alivio para la producción porcina”.

El año que el cerdo y el pollo le ganaron a la vaca
Por primera vez en la historia del consumo de carne en Argentina, las carnes aviar y porcina se consumieron más que la vacuna. El aumento del consumo estaría explicado, en parte por el aumento del precio en góndola de la carne bovina que ahora, apunta a mercados externos. A principio de diciembre, el consumo fue noticia cuando el diario La Nación publicó en su portada,  porque el cerdo y el pollo cierran juntos el año con un consumo de 64,5 kilos por habitante (48 de pollo y 16,5 de cerdo), mientras que la vaca queda entre 54,8 y 55 kilos. “Ello obedece a varios factores. Entre ellos está el precio, un cambio de hábitos en los consumidores y, también, un crecimiento en la oferta de pollo y cerdo”, analizó La Nación.

“El mayor consumo de pollo y cerdo es una tendencia que se queda. Es por un tema de precios y también porque el consumidor se acostumbró a comer otras carnes", señaló Miguel Schiariti, presidente de Ciccra a La Nación. Según Schiariti, los precios del cerdo y el pollo lograron romper el seguimiento que hacían del valor de la carne vacuna. Esto es, cuando aumentaba la carne vacuna casi por reflejo lo hacían el pollo y el cerdo. Hoy, según el presidente de Ciccra, "los precios se despegaron”.

La faena también tuvo un 2016 de expansión. Marcó un nuevo record histórico. La producción de carne porcina aumentó 7,32% entre enero y noviembre de este año, alcanzando 472.696 toneladas de res con hueso, el mayor volumen logrado por la actividad, de acuerdo a los indicadores de la Subsecretaría de Ganadería del Ministerio de Agroindustria de la Nación.

Con el precio “hay que ser cautos”
Para Jorge Brunori, “vamos a cerrar este año con 54 kilos de consumo de carne bovina, que es el más bajo desde el 2011, y la estimación es que eso siga así por lo menos dos años más. Incluso se podría bajar a 52 kilos. Esa diferencia la ocupa el cerdo, y ese es el motor que impulsa el precio del capón”. Sin embargo, Brunori advierte que  “el aumento del precio del capón también genera un aumento de la carne en la góndola, y cuando el cerdo se empieza a acercar a la vaca se puede caer el consumo, entonces hay que ser muy cautos. Yo creo que con un precio de $25 por kilo, si no nos repercute tanto en el precio final a la góndola estamos bien y vamos a tener una rentabilidad adecuada”, estimó y agregó: “Por otra parte los pronósticos de los granos no serían tan alcistas por lo que estaríamos asistiendo a un reordenamiento del sector porcino”, cerró.

La pelea por la eficiencia
Durante el cimbronazo que provocó la crisis del primer semestre, la eficiencia en la producción hizo una gran diferencia. Para algunos productores incluso fue determinante para decidir si seguía o no produciendo cerdos.

Jorge Brunori es claro sobre la urgente necesidad de ser más eficientes: “La eficiencia que se le pide al pequeño y mediano productor es para dejar de esperar que el precio del capón nos de rentabilidad. Hay que trabajar bajando los costos. Esa es la eficiencia que se les pide, si no se nos va a complicar quedarnos en el sector en los próximos años”, dijo.

A lo largo de este año, se ha trabajado por lograr un aumento sostenido del consumo interno y por abrir camino en el mercado externo. Para Brunori, ambas cuestiones “van a generar un crecimiento de un cincuenta por ciento de las madres en los próximos diez años”. Lo que falta definir es en manos de quién van a estar esas madres: “en Argentina tenemos un 90% de productores con menos de cien madres. A este gran estrato le exigimos la eficiencia, porque es el más numeroso y el que está más amenazado. Argentina está más o menos en 14-16 capones/madre/año. Cualquier país europeo tiene más de 24. Ahí es donde radica la eficiencia”, explicó preocupado el especialista.

“Un criadero de pequeña y mediana escala puede producir 18-20 capones si incorpora un poquito más de tecnología y sin alterar la inversión por madre. Tiene que hacerlo, porque cuando produce 12-14 capones los costos se le disparan, se le altera la conversión. Es decir, el costo de producción se eleva producto de su ineficiencia. Cuando ese productor con la misma cantidad de granos hace más kilos de carne, la conversión mejora, el alimento se diluye, los costos se bajan y ahí es donde tiene impacto la eficiencia”, cerró el veterinario.

Lograr escala y trepar en la cadena
Aumentar la escala productiva de las granjas se va volviendo cada vez más necesario a medida que el sector se vuelve más competitivo. Uno de los motores fundamentales del desarrollo del mercado porcino es el consumo. Argentina pasó de 6 kilos/hab/año en los años `90 a consumir hoy más de 15 kilos. No caben dudas de que el consumo ha sido el motor que traccionó la producción porcina nacional. “Yo estoy convencido de que eso va a seguir creciendo –aseguró Brunori-. Se estima que Argentina en el 2020 va a llegar a consumir 25 kilos. Para cubrir esos 10 kilos más de demanda, le tendríamos que inyectar a la producción porcina nacional unas 200 mil madres más. Ello se puede lograr de dos maneras: “por cuenta propia haciendo inversiones, o asociándose con otros”, cerró.

La escala significa una herramienta fundamental para tener capacidad de venta y también de compra. Brunori lo ejemplifica: “No es lo mismo un productor de diez madres que tiene que comprar más caro y que tiene que vender más barato, a que ese productor de diez madres se junte con otros diez de diez y ya sean cien madres. La industria lo va a mirar de otra manera. Ese proceso asociativo hoy tiene que estar en la mesa sí o sí”, advirtió.

Por otra parte, “otro aspecto importante que hoy está en manos de los pequeños y medianos productores es avanzar en la cadena de valor –explicó Brunori-. Si yo no me puedo asociar, tendré que buscarle la vuelta de poner una boca de expendio o una carnicería, empezar a cerrar mi negocio para aislarme del mercado tradicional. Entonces estas son herramientas importantísimas para lo que se empieza a definir en el sector porcino, que es quién se queda y quien no se va a poder quedar. Hoy en día, si un productor es ineficiente y no tiene escala se le va a complicar la permanencia productiva, si ese pequeño y mediano productor se hace eficiente, se asocia, busca la escala; entonces se va a quedar”.

El cerdo argentino en el mundo
A pesar de las excelentes condiciones agroecológicas con las que cuenta nuestro país para producir cerdos, Argentina exportó en 2015 apenas el 0,12% del volumen mundial. “Tenemos espacio, tenemos clima, tenemos agua, por lo tanto tenemos que posicionarnos mejor en el mundo -reclamó Brunori- es una oportunidad que nos estabamos perdiendo”, sentenció.

A partir de la puesta en marcha en este 2016 de Argenpork, el consorcio exportador de carne de cerdo de Argentina, las expectativas mejoran. Para Brunori, “En la próxima década Argentina va a estar pasando de 8 mil a más de 50 mil toneladas exportadas. Ese era un tema que teníamos que mejorar y que teníamos que encarar. Yo estoy convencido de que esa estimación, que es de la AAPP es posible. Primero a través de las grandes empresas que son las que más preparadas están para exportar y van a destinar una parte de su producción a la exportación. Eso nos va a ir llevando a las 50 mil toneladas que, no es todo lo que se podría hacer, pero es un buen comienzo y además va a descomprimir el mercado interno, demanda que tendrán que cubrir los pequeños y medianos productores”, dijo Brunori. 

Mirar al futuro con ojos de empresario
“El país se está acomodando. Aparece una nueva forma de ver la economía y eso implica una incertidumbre. Vamos a salir de la recesión, entonces el consumo interno se va a mover y el cerdo se va a beneficiar”, estimó el especialista. “Estoy convencido de que el negocio porcino no va a desaparecer. Lo que nos pasó este año es un reacomodamiento donde fundamentalmente la quita de las retenciones fue un sinceramiento. Con retenciones un productor que producía 12 capones ganaba plata. En cambio sin las retenciones ese productor tiene que hacer 18 capones. Son las nuevas reglas del negocio porcino, pero va a seguir existiendo. ¿Por qué? Porque el consumo estimado al año 2025 va a ser de casi más de veinticinco kilos de carne de cerdo. Entonces realmente podemos ser optimistas, si a eso le sumamos que vamos a exportar, y si peleamos entre todos para controlar las importaciones, sin ninguna duda que el escenario para el sector porcino va a ser de crecimiento. Pero reitero, lo que sí también se define en estos próximos diez años es quién se queda y quién no en la actividad, y ahí es donde hay que trabajar mucho en los pequeños y medianos productores para poderlo asociar, para mejorar la eficiencia. Con tecnologías de procesos y de insumo, con cambiar la actitud de un productor operario, que solamente mira su criadero, a un productor empresarial donde ya le mete la eficiencia, la gestión, el contexto. Eso es la herramienta necesaria para, yo creo, llegar a un sector porcino consolidado en el mercado interno, generando mayor exportación y fundamentalmente con una cadena equitativa, inclusiva que genera desarrollo territorial, valor agregado y trabajo”, cerró enfático el referente de Marcos Juárez.
 


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